Allí estaba yo. Sabía
antes de tomar asiento que no me interesaba la póliza de pago, la idea era
aprovechar los 3 meses gratis que me ofreció El Corte Ingles. El chico lo intento pero yo no di el brazo a torcer.
Ante mi negativa no le quedó más remedio que pasar al plan B, comenzó a enumerar todas las posibles desgracias que le podrían suceder
al aparato electrónico en cuestión y lo recomendable
que sería poseer un seguro que cubriese todas esas eventualidades, yo seguía en
mis trece y el acabo por rendirse. Durante el tiempo que duró toda aquella
perorata comercial me vino a la cabeza esa mitica escena entre Barbara Stanwyck
y Fred MacMurray en el 6301 Quebec Drive
de Los Angeles…
Vaya por delante que mi
absoluta ignorancia en el tema no me permite más que unas simples conjeturas.
Este es un asunto al que llevo años dándole vueltas. Veamos, es habitual que
cuando alguien con relevancia es asesinado o bien el crimen en si acapara
titulares y tiene otras connotaciones se le preste atención a detalles que en
otras ocasiones pasan inadvertidos. Dos ejemplos al respecto, pocos libros han
tenido tal campaña publicitaria como The
Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno 1951) del enigmático J. D.
Salinger, uno de esos libros de culto que marco a toda una generación
(personalmente creo que no ha soportado bien el paso del tiempo) y que volvió a
estar en la boca de todos luego de que fuese encontrado en la mesilla de noche
de Mark David Chapman, al parecer el asesino de John Lennon estaba fascinado
con ese libro.
Recuerdo vagamente
aquella noche que dieron la noticia en la radio, se pasaron horas hablando del
tema y pinchando música del ex beatle
Hay un momento en The Shining (El resplandor 1980) en el
que el personaje de Wendy (Shelley Duvall) está leyendo el libro en cuestión,
otra forma de echar leña al fuego pues luego paso lo que paso…
El segundo caso está
relacionado con el tiroteo llevado a cabo hace unos días en Macerata (Italia),
un descerebrado trato de provocar una masacre disparando desde su coche a todas
las personas de raza negra que se encontró a su paso. Afortunadamente no cumplió
su objetivo aunque seis personas resultaron heridas. El tipo de apenas 28 años pertenecia a la
xenófoba Liga Norte e incluso formo
parte de sus listas en las elecciones de 2017. Entre otros objetos propios que
suelen portar este tipo de personajes la policía hallo en su casa un ejemplar
del famoso Mein Kampf, posiblemente
el libro más comentado y menos leído de la historia.
(foto Michael
Dalder/Reuters)
Son varias las dudas
que me asaltan. ¿Hasta qué punto puede llegar a influirnos una lectura? ¿Las
autoridades solo tienen ojos para la literatura con mala reputación o por el
contrario también toman nota de otras referencias literarias? ¿Sabemos lo que
leen todos estos miserables asesinos que
le quitan la vida a sus esposas, parejas, madres e hijas? No debemos olvidar
que tanto el castellano como el inglés diferencian (si es que donde hay clases…)
entre lo que es quitarle la vida a un personaje importante o a un simple
mortal. Nuestro castellano utiliza magnicidio
(muerte violenta dada a persona muy importante por cargo o poder/rae) mientras
que el inglés marca las distancias con assassinate (aplicable por ejemplo a
JFK) y murder (es decir, si a su
vecino de escalera se lo han cargado este es el verbo a utilizar), desconozco cómo
va la cosa en otros idiomas.
He intentado por todos
los medios averiguar algo sobre qué cosas leía Lee Harvey Oswald pero no he
dado con ninguna información que me pareciese fiable. En todo caso y para no
salirme de la idea inicial, creo firmemente que los libros no provocan ni
empujan a nadie a cometer un crimen, otra cosa es que algunos en cuestión
puedan contaminar mentes jóvenes (y no tan jovenes) sedientas de referentes,
pero bueno, para eso se supone que esta la educación, la cultura y un apropiado
entorno, aunque desgraciadamente esto último cuando no es bueno suele ser uno
de los elementos importantes que propaga por el mundo eso que tanto nos sobra
como es el odio. Para finalizar y ya que abrimos esta entrada con la portada de
American Psycho que mejor que
recordar una escena de esa estupenda adaptación al cine. Sean felices y lean lo
que les venga en gana.
En alguna ocasión he
comentado mi cierto distanciamiento con la deriva que ha tomado la saga en las últimas
entregas. Son varias las conversaciones con amigos que profesan esa fe y que
tratan de que vuelva al redil, me prometen no tener en consideración mis
afrentas pero yo no las tengo todas conmigo. El caso es que he vuelto a sentir
una brizna de esperanza luego de ver el trailer de lo que ya no sé cómo definir.
Veamos, todo comenzó allá por 1977, luego llegaron más entregas, hasta que en
una jugada maestra de marketing crearon una especie de flasback y nos dijeron aquello de ‘la primera de todas es en realidad el episodio IV’, a partir de aquí
y debido a una dixlesia mal curada me hice un lio y quede un poco fuera de juego. Ya sabemos cómo
va esto de las promociones y los trailers,
como se suele decir se come con la vista, pero diría que hay algo que me hace
pensar que donde hay vida hay esperanza, desconozco si será la mano del
director (es posible que Ron Howard consiga que deje de adorar a otros becerros
de oro…) de esa complicada orquesta pero creo que esta vez le dare un voto de
confianza.
Aburrimiento y
decepción. Podría dejarlo aquí pero supongo que cuando menos debería de
justificar tan drástica opinión. En realidad se trataba de un anzuelo con 4
cebos, por un lado la estupenda y magnifica Jessica Chastain (siempre nos
quedara Zero Dark Thirty…) y por el
otro Idris Elba (Stringer Bell en esa joya como es The Wire), actor del que me quede pillado al ver la inolvidable
serie de HBO. El otro elemento en cuestión era el poker, casi todas las películas
con cartas de por medio suelen valer la pena. Como diría un inglés last but not least (por ultimo pero no
menos importante) teníamos manejando los fogones al debutante tras las cámaras
Aaron Sorkin, un conocido y exitoso guionista de cine y televisión que también
ha participado dándole forma a la historia. Pues al final ha resultado que con
estos apetecibles ingredientes la digestión me ha resultado de lo más pesada. No
me he metido en la historia en ningún momento. De todos modos insisto en lo de
siempre, esto no deja de ser más que una simple opinión.
Verano de 1959. Los
Mayers se mudan a Suburbicon, una
zona residencial idílica, perfecta para vivir, vecinos amables y sonrisas por
doquier, el perfecto american way of life.
Solo hay un problema, esta es una comunidad blanca y los recién llegados tienen
la piel algo más oscura. A partir de aquí comienzan los problemas. En breve
asistiremos a una espiral de traición, violencia, crimen y desesperación que hará
que los cimientos de ese lugar se tambaleen.
¡Que se marchen a otro
lado!
¿Jugamos?
Soportando lo
insoportable
Algo no va bien
Tenemos que hablar
Un trato muy peligroso
Tienes que ser fuerte
Encontrare una solución
Historia escrita a 8
manos (los Coen, Clooney y Grant Heslov) y que se nota. En realidad diría que
son dos películas que perfectamente podrían haber ido cada una por su lado. El
sello de los geniales Ethan y Joel está muy presente (un ligero casi
inapreciable aroma a Fargo) y me
pregunto hasta qué punto participaron o asesoraron a Clooney en la dirección.
La deriva por momentos descabellada en la última parte del film recuerda al odiado y por mi parte amado Tarantino. Reconozco
que me costó entrar en la historia pero una vez asentado la cosa fue sobre
ruedas. Momentos y escenas para destacar (una en particular recuerda y mucho a Double Indemnity de Billy Wilder con
Stanwyck y MacMurray tratando de negociar un seguro de vida…), actuaciones
brillantes (¡maravillosa Jualianne Moore!) y una seria reflexión sobre la
terrible represión y acoso que sufrió (y que sigue sufriendo) la población
negra en los Estados Unidos, la verdad que hay momentos en que provoca cierta
angustia. Luego la trama sufre un cambio de vías y somos testigos de las
terribles historias que se esconden tras una apacible y bonita fachada. En
resumen, una extraña mezcla de géneros que supera con nota el expediente,
George Clooney muestra saber estar tras las cámaras. Una apuesta con cierto
riesgo que posiblemente ha provocado malestar en algunos sectores de la
sociedad norteamericana y un final con una pequeña luz para la esperanza.