martes, 16 de julio de 2019

NY (conclusiones)


‘I love movies, it’s my whole life, and that’s it’ (Martin Scorsese)



Es posible que suene a tópico, pero es cierto, fueron varias las personas que me dijeron eso de “vas a tener la sensación de que ya estuviste allí” y la verdad que sucede tal cual. Supongo que gran parte de culpa se la debemos al cine, muchas, muchísimas son las películas rodadas en esa ciudad. Para quien guste de los datos aquí dejo un enlace de Wikipedia con información al respecto.


La bandera LGBT y la de las barras y estrellas compartían cientos de lugares. Varias e interesantes exposiciones recordaban lo duro y difícil que ha sido la lucha hasta el día de hoy.



Es apresurado y poco fiable un diagnostico después de una estancia de tan pocos días, pero en todo caso si he podido constatar algunos aspectos y costumbres que me fascinan, así como otros con las que me costaría trabajo vivir.





Hay quien considera que en la era de internet es absurdo comprar una guía, es cierto, en la red y especialmente en youtube encontramos información muy útil, de todas formas, creo que Lonely Planet es de lo mejorcito del mercado (¡ojo!... lo digo sin ningún tipo de interés, ojalá me pagaran…jeje) Infinidad de datos útiles y estupendamente estructurada.



Una de las cosas que más cuesta asimilar es su frenético ritmo. A determinadas horas la gente parece que corriera, riadas de personas van, vienen, suben, bajan y casi ni se miran. En el outfit neoyorquino predominan dos elementos, por un lado, los airpods, esos auriculares inalámbricos que vieron la luz en el 2016 y que las malas lenguas afirman que muchas personas los llevan para que nadie se dirija a ellos.  El otro objeto omnipresente es el dichoso vaso de Starbucks, ese brebaje de color marrón al que apodan café y el que como te descuides te provoca quemaduras de 2º grado en boca y esófago.



La variedad y diversidad de locales para comer es fantástica. A decir verdad, no hay un momento del día en que no veas a gente comiendo.



Sorprende y mucho ver gente con su almuerzo en cualquier esquina, calle, banco, parque, bordillo, barandilla, etc. Sobre esto tengo alguna teoría (errónea posiblemente) y es que creo que con el asunto de las propinas resulta muy caro (ya de hecho lo es…) comer todos los días en un restaurante. Entiendo que tienen un problema con los sueldos, pero considero que dejar 20$ (vale, siempre puedes dejar un 15%, lo que serían 18,75$...) en una cuenta de 125$ (cena para dos bastante normal…) te acaba por descolocar el budget. La verdad es que te vienes arriba y cuando te das cuenta te dejas una pasta.



Las escaleras de incendio y los depósitos de agua en las azoteas, dos elementos clásicos del paisaje de Nueva York.



Una de las muchas cosas que me llamo la atención es el despliegue que se lleva a cabo para realizar cualquier tipo de obra/reparación en la vía publica. Vallas, cintas, señales, carteles, advertencias lumínicas y personas que no paran de repetir ‘Be careful, watch your step!’ Es esta una tierra de pleitos, demandas y con abogados de por medio. Ya bien sea en la calle o en un establecimiento comercial hay varios ojos (y muchas cámaras…) que comprueban que nadie se caiga ni finja hacerlo.


Muchas personas se buscan la vida con el plástico.



Entre tanto atractivo también hay zonas grises, más bien oscuras. No es necesario salir de Manhattan para chocar de frente con esas realidades que tan poco nos gusta ver. El consumo de heroína está repuntando y el american dream se ha convertido en una pesadilla. Eso sí, el tema del alcohol lo tienen muy pero que muy controlado, al menos en cuanto al consumo en la vía publica se refiere. 

Le llaman personal space y al parecer les molesta bastante el rozarse con otras personas o que alguien se les acerque demasiado. En Londres tuve la misma sensación. (imagen: 6sqft)


Todas estas opiniones son muy personales y a decir verdad en cuanto dejabas Manhattan y te adentrabas en zonas como Brooklyn o Harlem la cosa cambiaba. En este último lugar asistimos a una Gospel Mass, lo que entendemos por misa, aunque realmente no tiene nada que ver con nuestro concepto de ceremonia religiosa. Fueron 2 horas y media, una autentica y maravillosa experiencia, en mi vida he asistido a nada igual, fue sin lugar a dudas uno de los momentos más intensos del viaje. 



En muchísimas viviendas y locales encontramos cartelería donde se mostraba el rechazo a Trump. También abundan publicaciones y revistas donde le arrean bastante.



En cuanto al trato diario con la gente he de decir que muy bien. Quizás suene un poco antiguo, pero mantengo que con respeto y educación se va a cualquier lado. Por aquí tenemos una costumbre que en el mundo anglosajón puede resultar chocante por no decir descortés, nosotros usamos mucho eso de “¡Eh tu/Oye!” y en ocasiones puede provocar malas caras o que pasen de uno olímpicamente. Así que habrá que aplicarse eso que nos decían nuestras abuelas…’donde fueres haz lo que vieres’.



Lo mejor para moverse es el metro. El billete cuesta 3$ y la tarjeta semanal andaba por los 33$, sirve también para el autobús.



Han sido muchas las visitas que se quedaron sin llevar a cabo. Los planes se ven alterados por diversos motivos y en ocasiones se debe improvisar sobre la marcha. Es muy recomendable adquirir una tarjeta (hay varios modelos) con la que se pueden visitar varios lugares de interés, se suele ahorrar tiempo (sobre todo con las colas) y dinero.



Cuando en 1902 se finalizó la construcción del edificio Flatiron muchas fueron las voces que advirtieron de que con un fuerte viento se vendría abajo.



Una cosa si nos ha quedado clara, tanto Carmen como yo coincidimos en que esta ciudad se merece cuanto menos otra visita. Lo cierto es que lo del avión no lo llevamos bien, pero con todo lo que hay que ver vale muchísimo la pena meterle el sello al pasaporte.