Hubo un tiempo en que los cines albergaban variopintas y diversas tipologías
de espectador, teníamos entre otros a los clásicos grupos de amigotes, parejas
ávidas de oscuridad, niños chillones, aspirantes a censor, adolescentes
desbocados, ancianos educados, personajes de mal vivir, cinéfilos en ciernes,
militares de paseo y por supuesto al clásico catedrático que en cuanto veía la
torre Eiffel enseguida gritaba ¡Paris!.. Luego estaba la parte superior
del patio de butacas, cuya entrada solía costar más barata. Por lo general allí
se juntaba lo mejorcito de cada casa, dependiendo del barrio no era de extrañar
que en ocasiones pudiesen llegar a caer objetos que si bien no producían daño físico
si provocaban bastante fastidio. Es por eso que viendo el proyecto de lo que está
por venir sienta cierto escalofrió y una pizca de añoranza…
















































