(foto: Cory Disbrow/Getty
images)
Según la gente de Forbes esta compañía fundada en 1923
figura entre las 20 marcas más rentables del mundo. La mayor parte de sus
acciones se las reparten entre Laurene Powell Jobs (la que fuera esposa de
Steve Jobs posee el mayor número), Vanguard
Group, State Street Corp, MFS Investment Management, BlackRock, Fidelity Management, etc, etc… Las cifras de sus ganancias anuales
provocan mareos, dos de las principales fuentes de ingresos son las franquicias
cinematográficas (personalmente no me gusta la deriva de sus últimos productos…)
y sus parques de atracciones, el de Paris sigue dando perdidas año tras año,
pero cerrarlo no daría buena publicidad. El caso es que últimamente ese sello Disney que tanta alegría y felicidad me
provocaba está empezando a aburrirme un poco. Me estoy refiriendo a la saga Star Wars, tengo algún amigo muy pillado
desde el inicio (gente talludita que peina canas), defensores a capa y espada
del universo Jedi, gente que conserva como oro en paño sus colecciones de muñecos y demás merchandising, al final más de uno me ha reconocido en privado y a
regañadientes su descontento con la deriva que ha tomado el tema, una infantilización
desmedida que lo único que pretende es estirar la goma hasta el final de los
tiempos.
No sé si ustedes lo
recordaran pero hace bastantes años se hablaba sobre la posibilidad de que Walt
Disney estuviese criogenizado y que sería vuelto a la vida en su
momento, esto posiblemente fue una de las primeras leyendas urbanas. El caso es
que dándole vueltas a la actual situación de tan rentable compañía me pregunto qué
le parecería al fundador el estado actual de las cosa.

