Manuel López-Vidal (Antonio de la Torre) parece haber nacido para la política,
se mueve como pez en el agua y se maneja bien en cualquier situación. Su radio
de acción es autonómico, tiene una buena red de contactos y su nivel de vida
sugiere que no todo es trigo limpio. Un buen día se destapa un caso de
corrupción que acaba por salpicarle, la bola de nieve va creciendo y son más de
una las cabezas que pueden rodar. Manuel se siente abandonado por su partido y
comienza una lucha por tratar de salir indemne de esa complicada situación y de
un futuro entre rejas.
Magnifica y muy recomendable película que cuenta una de las muchas
historias relacionadas con la corrupción reinante en este país. Bien filmada,
con un ritmo que por momentos provoca cierto vértigo y que transmite a la
perfección el agobio y los nervios de su protagonista. Situaciones que hemos
visto una y mil veces abriendo telediarios, políticos que entran y salen de los
juzgados, registros domiciliarios, sedes de partido, puñaladas, traiciones,
dinero y paraísos fiscales. Con estos mimbres y alguna pincelada de buen thriller la película de Sorogoyen
demuestra que tiene bien merecidos esos Goya.
Quizá vista fuera de nuestras fronteras no termine de convencer, en todo caso
esto desgraciadamente también forma parte de eso que llamamos “marca España”.






