‘Nueva York es la mentira más grande del mundo’ (Federico
García Lorca/Un poeta en Nueva York)
Era este un viaje que llevaba demasiado tiempo en el cajón. Por unas
razones o por otras siempre acabábamos postergándolo para el año siguiente, al
final nos decidimos y allá que nos fuimos a mezclarnos con sus más de cuatro
millones y medio de almas. Tratare de condensar en un par de entradas y en un
post final algunas de las sensaciones y vivencias que hemos tenido durante
nuestra estancia.
A decir verdad, el vuelo (quizás el de vuelta con más
cansancio, aunque más corto…) resulto de lo mas placentero.
Primera parada, la Grand
Central Station. Cientos de personas caminando en distintas direcciones que
pueden llegar a provocarte cierta ansiedad. Nada que ver con aquellas fotos de
los 30 con los halos de luz entrando desde arriba.
El relax lo encontramos esa primera tarde en el Bryant Park, había cine al aire libre,
puestos de comida y un ambiente muy chill
out.
Es una ciudad con unos precios a la altura de sus
rascacielos, la hora de parquímetro en el centro de Manhattan se paga a 6$, luego la cosa varía dependiendo de las
zonas o del tipo de vehículo.
Callejeando cerca de donde estábamos alojados.
En cuanto empiezan a asomar las primeras luces la ciudad
adquiere un aspecto si cabe más atractivo. Al fondo el Empire State.
Este Times Square
nada tiene que ver con el que inmortalizo Frank Oscar Larson
. Hay quien afirma que este lugar es uno de los más odiados por los
neoyorquinos.
No hay dos iguales, o
al menos todos los que veía eran diferentes.
Seguro que hay vinos magníficos en California, pero donde este un Rioja…
Pasamos una jornada de playa muy agradable en Coney Island. Luego llego la Mermaid Parade, un desfile con la gente
disfrazada, mucha fiesta, ambiente alegre y divertido.
Nombres que nos resultan familiares.
Fue verlos y me acorde de Two Rode Together (Dos cabalgan juntos 1961).











